San Benito de Mucuchíes


San Benito de Mucuchíes

Mucu es una palabra del acervo indígena, compuesta por dos raíces: "Mu" y "Cu", cuyo significado se presta a confusión al considerarse una palabra simple. No es la intención hacer un breve tratado etimológico, sólo que en nuestro rico castellano de este lado del Atlántico, las palabras juegan con múltiples sinónimos que se pierden en el tiempo, y nuestro gentilicio evoluciona dándoles matices propios.

"Mu" se deriva de lenguas del tronco étnico Chibcha, grupo étnico que ocupaba parte de lo que en Suramérica conocemos como la Cordillera de los Andes, de la cual forma parte la Sierra Nevada de Mérida, que recibe su nombre del Estado o Provincia en donde este sitio geográfico se ubica, desde la cual arranca esta crónica.

Este prefijo "Mu" en su interpretación más antigua, significaría "la tierra sagrada", "la tierra de los antepasados". Los labriegos de esta zona acostumbran a decir a quienes preguntan sobre el origen de "Mucu", que significa la "tierra bonita" o "tierra hermosa de los antiguos". Respecto al sufijo "Ku", el mismo haría referencia a todo parentesco que se establezca por la línea materna, esto conforme al dialecto Tunebo (otra etnia que poblaba nuestra América andina) y que para la época en que los llamados conquistadores hispanos llegaron al país, en el español de este tiempo histórico se desconocía el uso de la letra K, con lo cual la palabra se escribirá en realidad como "Cu".

Mucuchíes es una población ubicada en el Estado Mérida, es la capital del Municipio Rangel de dicho estado, situada dentro de los límites geográficos del Parque Nacional Sierra Nevada.

Este poblado tiene una tradición de ser una región que se autoabastece con sus productos agrícolas, donde predomina la actividad de siembra y producción de distintas frutas y hortalizas, destacando el cultivo de diversos tipos de papas, con variedades cuyo uso en la cocina y para la distribución masiva al resto del país, sigue siendo una actividad agrícola pujante, pese a que las condiciones de la siembra y cosecha en otras ramas alimenticias de otras regiones de Venezuela, han sufrido desmedro y calidad.

Como toda región geográfica, en donde la vida productiva transcurre en torno a los productos de la tierra, su tradición folklórica gira en más de un sentido, en torno a celebrar y agradecer la generosidad de los frutos obtenidos en cada estación, pero en este caso con un sincretismo religioso, en donde las figuras del panteón católico se enlazan con prácticas heredades de las etnias que alguna vez poblaron las altas montañas, y logran mostrar a propios y extraños una manifestación cultural que ya lleva muchos años de tradición, dentro del calendario de las festividades religiosas tradicionales de nuestro país.

En Mucuchíes, pese a que la irrupción del inevitable urbanismo dentro de la dinámica campesina de sus habitantes, le ha dado aportes de modernidad a las relaciones humanas y comerciales, siguen conectados a todo lo que preserve su ancestral modo de vida, y la relación con la naturaleza que los rodea. Perviven en ellos un gran sentido de pertenencia a la tierra, una conexión que sus antepasados establecían desde lo divino, mostrándolo en una veneración que daban a los elementos primigenios de la naturaleza (agua, tierra, aire, fuego) a los cuales se debían su supervivencia, y con preminencias son considerados y fueron venerados: El Sol como una divinidad a quien identifican con el nombre de Ches, figura solar también conocida como Dios Sol, Páramo o Arco; el Agua manifestada en los manantiales, lagunas y ríos abundantes, las piedras a quienes se ve como guardianes de los espacios naturales, vigilantes en medio de la naturaleza virgen, las formaciones rocosas que abundan en esa zona se consideraban la influencia benéfica, protectora para cada siembra que se emprendía. A cada uno de estos elementos, se les atribuía (aún muchos lo creen), una influencia mágica en la existencia propia y a quienes se ofrecía ofrendas, los mismos vegetales y demás frutos del campo, para agradarles y mostrarles gratitud por la generosidad de la cosecha que se ha obtenido.

Producto de esta yuxtaposición de creencias y costumbres, a medias religiosas, a medias paganas, fenómeno que se evidenció con más fuerza con la llegada de los españoles a lo que luego se conocería con la denominación del Nuevo Mundo, los ritos y tradiciones ancestrales se fueron transformando, recibiendo aportes de la religiosidad y el imaginario europeo. La nueva doctrina cristiana busca suplir las creencias originales de las poblaciones aborígenes, para conformar una nueva sociedad que se alimenta y estructura como producto de ese intercambio de paradigmas. Es así como van naciendo nuevas formas de venerar a los antiguos dioses a través de las nuevas divinidades cristianas.

La Fiesta de San Benito

Orígenes de un culto popular

Dentro de la amalgama de fiestas religiosas con un marcado matiz folklórico, de carácter tradicional, destaca en todo el Páramo Merideño, que es como se conoce coloquialmente esta región, la denominada Fiesta de San Benito de Palermo o Los Giros de San Benito, que se celebra los días 29 y 30 de Diciembre de cada año. Esta festividad es la principal dentro de un calendario de celebraciones religiosas, que abarca todas las Navidades y que culmina el 6 de Enero del siguiente año.

La devoción al Santo de Palermo es de vieja data en Venezuela, y se remonta al dato biográfico en que se hace mención a San Benito como hijo de esclavos.

Cristóbal y Diana eran los nombres de sus progenitores, quienes servían a un viejo rico terrateniente italiano. Preocupados los padres del futuro santo, pues no querían que sus hijos heredaran su condición, le dirigen esa súplica a su dueño y este compadecido de ellos, les promete que al menos el primero de sus hijos no sería esclavo, siendo así que Benito trabaja y vive como un pastor y agricultor libre, hasta que ingresa a la Orden Franciscana, en donde se desempeña como cocinero (dato que explicaría el que en la zona de Mérida se mantiene en las cocinas una imagen del venerado santo, como garantía de que el alimento no faltará nunca en cada hogar). Según cuenta la historia, se ganaba la simpatía de todos por su sonrisa y sus dones para la oración, hasta que muere en la ciudad siciliana de Palermo en el año de 1589, donde es venerado hasta el día de hoy.

Otra versión hace a Benito hijo de un esclavo africano y de una reina blanca (siciliana para más señales) y en una tercera pero no menos colorida versión local, se sostiene que "San Benito era blanco, que había pedido a Dios que lo ennegreciera para escapar de la tentación de la mujer".

Antecedentes de la llegada de una devoción religiosa a América

Su culto llega a nuestro país a principios del Siglo XVII, cuando los dueños de las plantaciones, en su mayoría cafetaleras, empezaron a interesarse en el tráfico de esclavos, trayendo por primera vez a Venezuela a 300 esclavos, ubicándolos en la región costera del Lago de Maracaibo, denominada Gibraltar. Era un grupo heterogéneo que provenía de distintas regiones de África, que se dedicarían a la labor del campo y de toda la actividad similar de trabajo. Con el fin de asimilarlos más a la tierra a la que habían sido llevados contra su voluntad, y desde que empezaran a cristianizarse, se les permitió incorporar sus ceremonias tradicionales a los rituales cristianos, y también ritos indígenas, como la costumbre de danzar ante las imágenes sagradas y sacarlas del templo en procesión.

Otro ejemplo claro de la presencia de la cultura africana, relacionado con el culto a San Benito, se manifiesta a lo largo de la zona costera venezolana, donde se aglutina el mayor grupo de afro descendientes, y cuya devoción al santo de color se acompaña con la música de los tambores africanos llamados Chimbangueles o Chimbangles. Los Chimbangueles son siete tambores de distintos tamaños, que toman su nombre presuntamente de una región del continente africano, ubicada entre África Ecuatorial y Angola. Esta celebración de la costa venezolana, difiere de la que se celebra en la región andina, porque la música que predomina y acompaña a la festividad en Mérida, proviene de instrumentos de cuerda, tales como el violín, la guitarra y el cuatro, un descendiente americano del laúd europeo. La percusión en este caso, queda reducida a un papel secundario.

La celebración de San Benito y sus etapas

Las Novenas

El 20 de Diciembre empiezan las llamadas "novenas" que tendrán lugar en las capillas y casas de devotos de las aldeas y pueblos aledaños a Mucuchíes. En medio de cánticos y rezos culminarán el día 28 de ese mismo mes. Funciona toda esta logística organizada a través de las Cofradías ( también llamados Gobiernos, que se asemejan a la estructura jerárquica de las sociedades o gremios de la Edad Media), una en cada caserío o poblado bajo la figura de la Junta auxiliar, ubicadas en los pueblos de Misintá (la más grande y organizada, sitio donde se encuentra la Capilla de San Benito), Mocao, San Rafael de Mucuchíes, La Toma, El Pedregal, Mitibibó, La Mucuchache, Apartaderos y la Asomada, en cada junta una persona queda encargada de pedir una limosna a personas particulares, entes públicos, comercios. Una limosna con la cual se sufragarán los gastos de la celebración y para obras de caridad. Las contribuciones en su mayor parte provienen de las personas que habitan en esas comunidades, los miembros de las sociedades y comerciantes de la zona que de buena voluntad dan su aporte para la preservación de esta tradición que tanto prestigio da al municipio donde se celebra.

La Fiesta en desarrollo

Comienza el 29 de Diciembre a las 3:30 a.m. con la ceremonia llamada " el rompimiento", que al toque de trompetas de una banda de guerra se encarga de despertar a los soñolientos vecinos, anunciando el comienzo de la gran celebración.

La distintas sociedades de los caseríos y pueblos salen en marcha desde sus respectivos lugares de origen, para encontrarse en la Capilla de San Benito de Palermo, la cual se encuentra enclavada en el hermoso Valle de Misintá, que toma el nombre del poblado que allí se ubica cuyos nativos han tradicionalmente encabezado este cortejo festivo.

Los capitanes de cada aldea participante dan parte al llamado Segundo Capitán de Misintá (no olvidemos que como dijimos al inicio de esta crónicas se sigue un orden jerárquico, que nos hace recordar que también esta fiesta sanbenitera esta ligada a los inicios de la Guerra de Independencia de Venezuela). La máxima autoridad es una persona de edad que se llama Mayordomo quien además encabezará la marcha.

En sus inicios sólo podían formar parte de esta sociedad los hombres, con el tiempo las mujeres también pasaron a formar parte de la fiesta, dando origen a la Sociedad de Mujeres, quienes participan con vistosos bailes y en cuya indumentaria predominan los colores rojos y el blanco.

Los hombres que componen la marcha, con la excepción del Mayordomo, el presidente y vicepresidente de la Sociedad, los capitanes, abanderados y el espuntero, así como los miembros de la Banda de Guerra y de la Brigada de Orden, se untan los rostros con una mezcla de hollín, aceite de almendras y vaselina, ennegreciéndolos para asemejarse a su patrono, e igual en el caso de las damas. Reunidos todos los socios, el llamado Abanderado realizará ante la imagen de San Benito como tributo, una serie de ágiles y hermosos movimientos con la bandera, siendo denominada esta suerte con el nombre del Juego de la Cruz, luego a lo largo del recorrido de la bajada de Misintá a Mucuchíes, repetirá este ritual, lo cual exige una gran fortaleza física y buenos reflejos de la persona que los realiza. A su vez el "Espuntero" realiza distintas maniobras con el "Espuntón", una especie de vara con punta afilada y con forma de cruz.

La bajada hasta Mucuchíes de todos los marchistas y devotos que van incorporándose a la procesión a lo largo del recorrido, va acompañada por el retumbar de la pólvora que viene de los trabucos de la "Artillería", hombres vestidos de negro, con el rostro pintado de negro, con pequeñas capas en los hombros y sombreros adornados de colores alegres y llamativos, con un ruido ensordecedor que no dejara de oírse hasta el momento en que comienza la liturgia en el templo religioso más importante del municipio: La Iglesia de Santa Lucía de Mucuchíes.

Los Giros

Previo a la entrada en el templo, la marcha que la forman además personas que portan réplicas de la imagen del santo y que desfila por las calles del pueblo, donde se puede observar el portal de cada casa, engalanado con un pequeño altar donde veremos siempre al patrón de la fiesta, flores de toda variedad y pequeñas ofrendas tales como frutas, velas blancas encendidas y la alegría de los vecinos que celebran con sus mejores galas ese día.

El recorrido de las calles lo acompañan los Giros de San Benito, cuyos bailarines van vestidos de colores estridentes en donde predominan el azul, el rojo y el amarillo, formada esta vestimenta con cintas de seda, tocados con gorros con semejantes coloraciones, que van tocando una maraca (especie de sonajera) con la mano izquierda mientras empuñan un bastón con la derecha. Hacen chocar sus bastones y golpean con ellos el suelo, educando una complicada danza a lo largo del trayecto.

Llegan los danzantes a las puertas de la Iglesia en donde cesa la algarabía y todos se disponen a escuchar con devoción el oficio religioso principal. Finalizada la misa solemne, todos los participantes en esa ceremonia participan en la procesión con la imagen venerada a la cabeza, la cual da la vuelta al pueblo, con más música y retumbar de pólvora, en un ambiente entre profano y sacro, en el que la danza de los negros guerreros pone una nota distintiva. Por su parte las mujeres que componen la Sociedad que las agrupa ejecutan sus bailes típicos tales como el Teje del Sebucán y el Baile de la Amistad.

Todo finaliza cuando llegan a la Plaza Bolívar, en donde le rinden homenaje a todas la personas y organizaciones que colaboraron para el éxito de las festividades y cada aldea se despide acompañada por los compases finales de la Banda de Guerra, hasta el próximo año en que volverán a encontrarse para celebrar juntos esta fiesta.

Esta celebración está plena de significados arquetípicos en donde lo religioso, lo mágico, lo festivo y lo bélico, se entretejen, evocando un pasado lejano, haciéndonos partícipes de resonancias ancestrales, que nos transportan en el tiempo y espacio a los momentos del nacimiento de nuestra singular idiosincrasia, llena de matices étnicos y culturales, fruto de encuentros y desencuentros, pero con un tesoro que seguimos descubriendo en la espiritualidad y laboriosidad de los hombres que han vivido y siguen presentes en esta tierra de gracia.


Georgina Uzcátegui Gómez
Ciudad de Mérida.
Venezuela.

Una primera versión de este artículo fue realizada en la publicación trimestral VALDEOLEACOLOR del Ayuntamiento de Valdeolea, Provincia de Cantabria, Correspondiente al cuarto trimestre del año 2005.